Y ahora, Presupuestos como distracción

El ministro de Hacienda, Arcadi España, ha abierto, por fin, el trámite de sondeo a los grupos parlamentarios para tratar de cuadrar el que podría ser el primer, y también el último, proyecto de Presupuestos Generales del Estado de la legislatura.

 Este debate da a Sánchez una oportunidad de retomar las riendas y vender su agenda  

Audio generado con IA

El ministro de Hacienda, Arcadi España, ha abierto, por fin, el trámite de sondeo a los grupos parlamentarios para tratar de cuadrar el que podría ser el primer, y también el último, proyecto de Presupuestos Generales del Estado de la legislatura.

ERC, antes de las vacaciones de agosto; Sumar, parte minoritaria del Ejecutivo, la semana pasada y, ahora también, el BNG, el PNV y EH Bildu. Todas estas formaciones han confirmado la apertura de un diálogo preliminar con el Ejecutivo que, muy probablemente, no estará en disposición de remitir a la Cámara sus cuentas del Estado «en tiempo y forma», o sea, tres meses antes de que expiren las cifras estatales en vigor, como establece la Constitución. Este extremo, en realidad, carece ya de importancia, porque las que se consideran cuentas en vigor caducaron de hecho hace tres años.

Todos los grupos que han entrado en la ronda saben que el proyecto tiene muy pocas, por no decir nulas, posibilidades de salir adelante pero también son conscientes de que se abre ante ellos una vía inmejorable para presionar al Gobierno en declive con sus demandas, muchas de las cuales en ningún caso podrían formar parte del plan presupuestario. Si salen, miel sobre hojuelas. Eso que se llevan de regalo. Y, en caso contrario, las exigencias aireadas en público son un aporte precioso para la campaña electoral.

Por el lado gubernamental, emprender ahora la negociación que no se ha llevado a cabo en toda la legislatura, también tiene ventajas. En La Moncloa son igualmente conscientes de que el empeño, salvo milagro, está condenado al fracaso y, aún así, creen que con habilidad se le puede sacar jugo.

Todo consiste en dibujar las cuentas más expansivas de la historia y prometer a tirios y troyanos el oro y el moro. Será por dinero. El Gobierno que más recauda también es el que más reparte, afirmarán anticipando la generosa oferta que se exhibirá ante las urnas.

Pero hay más. En este momento en el que el Ejecutivo anda desnortado, abrumado por el peso de las críticas a su nefasta gestión ante la avalancha de inmigrantes irregulares padecida por Ceuta; cuando, tras el parón de agosto, reviven las investigaciones que hurgan en las supuestas cloacas del PSOE; cuando un juez pone entre la espada y la pared al «referente» Zapatero para que documente la procedencia de sus joyas; cuando se confirma que la esposa del presidente, Begoña Gómez, tendrá que sentarse en el banquillo frente a un jurado popular; cuando ya cotiza poco el choque con Trump y los oligarcas …, en fin, cuando los traspiés se acumulan y Pedro Sánchez ve frustrado su deseo de vender al público si quiera un colín, el debate, aunque al final sea baldío, sobre las ofertas presupuestarias, le ofrece una baza no sólo para apartar el foco de acontecimientos engorrosos, sino también para intentar cambiar la dinámica y tratar de recuperar las riendas perdidas.

Será, y así lo creen en el propio PSOE, una oportunidad para que el presidente coloque su agenda de propuestas económicas y sociales, esa que, dicen, le impulsará para lograr la hazaña final y gobernar otros cuatro años. En definitiva, un trampolín para lanzarse, como todo el mundo, a la piscina electoral.

 Noticias de España

Más Noticias