El exclusivo hotel boutique que la baronesa Thyssen ha llenado de obras de arte tropicales: «La sensación es la de estar en un oasis»

En agosto de 1968, cuando los estudiantes parisinos ya habían desistido de su revolución de mayo (que terminó cuando empezaron las vacaciones de verano), Salvador Dalí montó uno de sus shows artísticos/teatrales en una mansión en S’Agaró, entonces una pequeña urbanización-jardín de la Costa Brava. Frente a la cúpula de autoridades y del Comité Olímpico Internacional, presidido por Juan Antonio Samaranch, Dalí se ingenió una performance para presentar su Atleta cósmico, un impresionante lienzo de tres metros de un Discóbolo con los pies anclados en el paisaje del Empordà que viajaría a los Juegos de México.

 Carmen Thyssen transformó una villa frente al mar en S’Agaró en un hotel rosa con estética de Miami Beach. Solo tiene nueve habitaciones y muestra casi una veintena de obras de su pintora-fetiche Mercedes Lasarte.  

En agosto de 1968, cuando los estudiantes parisinos ya habían desistido de su revolución de mayo (que terminó cuando empezaron las vacaciones de verano), Salvador Dalí montó uno de sus shows artísticos/teatrales en una mansión en S’Agaró, entonces una pequeña urbanización-jardín de la Costa Brava. Frente a la cúpula de autoridades y del Comité Olímpico Internacional, presidido por Juan Antonio Samaranch, Dalí se ingenió una performance para presentar su Atleta cósmico, un impresionante lienzo de tres metros de un Discóbolo con los pies anclados en el paisaje del Empordà que viajaría a los Juegos de México.

En aquella época, otra futura protagonista de S’Agaró también empezaba a forjar su particular historia con este paisaje. La jovencísima Carmen Cervera ya era toda una celebridad por ser la primera Miss España del reinstaurado certamen (Franco dejó que se celebrara a partir de 1961) y acababa de casarse con uno de los actores más atractivos de Hollywood: Lex Barker, que siempre será Tarzán en el imaginario colectivo. Juntos construyeron una casa sobre un acantilado de Sant Feliu de Guíxols, en la frontera con S’Agaró, en un terreno que el padre de Cervera le regaló por la boda. Allí, tras una vida de película que la llevaría a ser baronesa y una de las grandes coleccionistas de España, nuestra Peggy Guggenheim patria, Carmen Thyssen mantiene su refugio de verano: la residencia Mas Mañanas.

Como si fuera una extensión de su hogar, hace unos años la baronesa adquirió una villa en el paseo marítimo de S’Agaró y, pandemia mediante, la transformó en un hotel-boutique, el Pink Elephant, que abrió con discreción en 2023.
En el recogido paseo marítimo, el Pink Elephant destaca por su color y estética, puro Miami Beach: un rosa suave, casi de cuarzo domina toda la fachada.

El vestíbulo del hotel, con sus columnas en forma de palmera.
El vestíbulo del hotel, con sus columnas en forma de palmera.

Aquí todo es rosa y blanco. Pero no un fucsia o un rosa Barbie o bebé: el hotel solo tiene nueve habitaciones y su política de adults only garantiza total tranquilidad. El Pink, como ya le llaman los locales, es 100% Carmen Thyssen: divertido y sofisticado, con un toque del glamour retro italiano que invita a un dolce far niente entre cócteles.

«La sensación es la de estar en un oasis», compara la directora del hotel, Nicole Monard, en los jardines que rodean la villa. «La vegetación es muy tropical, con palmeras y plantas frondosas en la zona chillout«, señala. Pasada la coqueta piscina con sus hamacas balinesas con cojines de elefantes rosas, sorprende un rincón con un inmaculado futbolín blanco. Incluso las flores de hibisco son rosas (ni una roja que rompa la armonía) y hasta las cerámicas tradicionales de la fuente son blancas y rosadas. Una estampa digna de los resorts de The White Lotus.

La piscina entre plantas tropicales.
La piscina entre plantas tropicales.

«El branding está muy bien definido y todos los detalles se cuidan al extremo», admite Monard. El ambiente casi selvático del jardín se traslada a un interior con columnas en forma de palmera, paredes y suelos blanquísimos que acentúan los cuadros de pumas, panteras, leopardos… Hay lienzos casi en todas las paredes -y en cada habitación-, la mayoría firmados por la pintora fetiche de Carmen Thyssen: su buena amiga Mercedes Lasarte. Se conocieron allá por los años 70, en una exposición en Los Ángeles, cuando Tita aún estaba casada con Baxter y le compró algunas obras a Lasarte, artista argentina que se había instalado en California. Desde entonces las ha unido una estrecha amistad: Lasarte ha pintado a casi todos los miembros de la familia Thyssen y Tita es su mayor coleccionista. De hecho, el retrato Carmen en Málaga (con un fondo rosa) es casi una obra permanente del Museo Carmen Thyssen de Málaga, que la baronesa inauguró en 2011 en el Palacio de Villalón. Un año después, en 2012, estrenaría aquí al lado, a menos de tres kilómetros, el Espai Carmen Thyssen en el antiguo monasterio benedictino de Sant Feliu de Guíxols, que (casi) cada verano organiza una exposición temporal con fondos de su colección, de la que ha mostrado iconos como las Lilas (1885) de Gauguin, la espléndida marina de Edward Hopper El Martha Mckeen de Wellfleet (1944) y, por supuesto, sus joyas de pintura catalana de finales del XIX y principios del XX.

El mural del spa pintado por Mercedes Lasarte en el que intervino la propia baronesa Thyssen.
El mural del spa pintado por Mercedes Lasarte en el que intervino la propia baronesa Thyssen.

En su hotel-boutique, Carmen Thyssen ha desplegado una veintena de obras, casi todas de Lasarte, con un estilo ecléctico de animales que remiten al Aduanero Rousseau, pinceladas fauvistas, bodegones pop o paisajes simbolistas. Cual fresco en una terma romana, en el spa de la planta baja, la artista pintó un gran mural de panteras negras en la playa. Y la propia baronesa, que ha hecho sus pinitos en la pintura (aunque guarda sus cuadros en la intimidad), intervino en su elaboración. Al lado del spa, otro de los secretos del hotel: un cine privado con cómodos sofás blancos.

¿Y cómo es el público del Pink Elephant? «Al ser un adults only los clientes son sobre todo parejas que buscan desconectar unos días. Vienen muchos españoles y franceses, también británicos y viajeros de Estados Unidos», explica la directora. Y destaca que muchos repiten la experiencia.
«No es solo un hotel. Es un refugio frente al mar en el que cada detalle hace la experiencia», reivindica Monard.

Detalles supervisados por la propia baronesa, desde las sábanas y los cubiertos hasta los albornoces con el logo del elefantito (en rosa para ellas y azul para ellos). No todo es tan evidente como la lámpara de cristal en forma de barco y luces led del lobby. Solo al sentarse en la mesa de cristal del vestíbulo uno descubre una pequeña pantera de brillantes incrustada dentro.

Todas las habitaciones están presididas por un lienzo de Mercedes Lasarte.
Todas las habitaciones están presididas por un lienzo de Mercedes Lasarte.

Aunque el Pink es propiedad de la baronesa, desde hace un año lo gestiona el grupo de inversiones Stoneweg, el mismo que impulsa el Museo Carmen Thyssen en Barcelona, en lo que fuera el Cine Comedia. Stoneweg ha dado un nuevo giro a la oferta gastronómica del restaurante, a cargo del joven chef Fernando Carrera, que ya ha visto premiadas sus zamburiñas gratinadas y que ha diseñado una carta marinera con productos frescos y locales, que se imponen en la terraza con vistas al mar.

En la entrada, una frase de Marilyn Monroe en neón da la bienvenida al hotel: We are all of us Stars, and we deserve to Twinkle (Todos somos estrellas y merecemos brillar). Y por S’Agaró han pasado unas cuantas estrellas…

Actualmente, S’Agaró sigue siendo una exclusiva bahía residencial que vive de cara al mar, sin pueblo o núcleo urbano: al otro lado de las colinas que la delimitan está Sant Feliu, al sur, y Platja d’Aro, al norte. Esta urbanización que administrativamente pertenece a la más turística y masificada Platja d’Aro es uno de los enclaves más tranquilos de la Costa Brava, del que llegan noticias como la boda de Susana Griso en el histórico Hotel Sa Gavina, inaugurado en 1932 en un promontorio frente al mar, con su arquitectura mediterránea de cal blanca. Por aquí han pasado estrellas de antes y de ahora: de Ava Gardner a Lady Gaga, de Elizabeth Taylor a Shakira, de John Wayne a Plácido Domingo. Cada uno dejó su propia anécdota o leyenda: que si la pelea de la Gardner con Frank Sinatra en el bar (cuentan que él le propinó una bofetada), la llegada de la Taylor en un lujoso Cadillac, la petición de la Gaga de blindar el parking para que no se acercaran ni fans ni paparazzis…

S’Agaró mantiene viva esa tradición artística que inauguraron las performances de Dalí. Si él hizo traer un elefante real para abrir su Teatro-Museo de Figueres, la baronesa los pinta de rosa e invita, desde el Pink Elephant, a una particular joie de vivre mediterránea.

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