La final del palco: Trump y Sánchez llevan su enfrentamiento al fútbol

Si fuera por afinidad con los Gobiernos de los dos países que han llegado a la final del Mundial, Donald Trump vería el partido histórico de este domingo subido a la valla del palco, con la cara pintada de celeste y blanco y cantando ‘por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo…’. El presidente de EE.UU., anfitrión del Mundial, presidirá la final en Nueva York/Nueva Jersey, quizá el mayor momento de atención global que habrá acaparado en su vida, y eso es mucho decir para el multimillonario neoyorquino: maneja el foco como nadie. Pero en su fiesta futbolera se ha colado España, en medio de un deterioro pronunciado de las relaciones diplomáticas con EE.UU. desde la llegada al poder de Trump a comienzos del año pasado. Para añadir tensión, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido a última hora acudir a la final. Él ha sido el objeto de los ataques y las condenas de Trump, y el protagonista de unas turbulencias sin precedentes entre dos países tradicionalmente aliados. Ahora, pocos días después de otra agitada cumbre de la OTAN , Sánchez y el presidente de EE.UU. volverán a verse en la final del Mundial.Al contrario, su relación es excelente con el presidente de Argentina, Javier Milei, un aliado acérrimo, a quien ha apoyado en las últimas elecciones legislativas a golpe de miles de millones de dólares en asistencia financiera. Pero Milei, muy futbolero y que fue portero en su juventud, en Chacarita Juniors y en San Lorenzo, no viajará a Nueva York. Como tantos argentinos, el presidente mantiene lo que ellos llaman «la cábala», la superstición de repetir cosas de anteriores partidos. En su caso, ver el partido desde Olivos, la residencia del Jefe de Estado. «Como el primer día, es una cábala», ha dicho.Sánchez acudirá a Nueva York sin su esposa, Begoña Gómez, inmersa en una causa judicial por la que será sometida a un juicio con jurado por tráfico de influencias y malversación de caudales públicos. La Audiencia Provincial de Madrid ha suspendido la retirada de pasaporte impuesta por el juez instructor Juan Carlos Peinado, pero esa decisión no se concretará a tiempo para que la cónyuge del presidente del Gobierno pueda viajar a la final. En cualquier caso, Sánchez no será quien esté más cerca de Trump, ni su presencia era requerida para representar a España. Quien encabeza la delegación española es el Jefe de Estado, el Rey Felipe VI , que acudirá a la final en compañía de la Reina Letizia, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía. Los Reyes ya estuvieron en la final victoriosa de Sudáfrica de 2010 y la Reina Letizia encabezó, con la compañía de la Infanta Sofía, la delegación al Mundial de Australia 2023, el del triunfo de España que después se tiñó de polémica por el beso del entonces presidente de la federación española, Luis Rubiales, a Jenni Hermoso.También tendrá mayor presencia que Sánchez el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, que, dentro del protocolo de FIFA, ostenta la mayor representación. Y, por supuesto, Gianni Infantino , el presidente de la FIFA, que se sentará al lado de Trump, al que ha cortejado sin descanso, incluido uno de los episodios que deja manchado el Mundial: la suspensión del partido de sanción a un jugador de EE.UU. -Folarin Balogun- por las presiones del presidente estadounidense.Habrá partido, y duro, abajo en el terreno de juego. Pero también arriba, en los palcos. Se seguirá al detalle cualquier gesto o interacción entre Trump y Sánchez, que insiste en que la relación con EE.UU. es cordial y sólida, pero eso está muy lejos de la realidad.Desde que regresó a la Casa Blanca, Trump tenía apuntada la matrícula de Sánchez y de su Gobierno. Las llamadas protocolarias entre ejecutivos tras llegar al poder se retrasaron de forma preocupante. Tanto Trump como su secretario de Estado, Marco Rubio, dejaron a España entre los últimos contactos con sus aliados tradicionales. Después, la crisis se desató en la cumbre de la OTAN en La Haya del pasado verano. Sánchez se desmarcó de sus aliados europeos en el cumplimiento de las exigencias de Trump para aumentar el gasto militar. Desde entonces, el multimillonario neoyorquino no ha dejado de amenazar a España con castigos comerciales, que después no se han materializado porque las exportaciones españolas se encuadran dentro de la política comercial europea.La guerra de Irán provocó otra crisis. Sánchez negó el uso de las bases militares conjuntas de Morón y Rota para operaciones que tuvieran que ver con el conflicto y el enfado de Trump fue descomunal. La semana pasada, aseguró que España es «un caso perdido» y amenazó, una vez más, con cortar todos los negocios comerciales.Pese al perjuicio que puede suponer para España debilitar la relación con la primera potencia mundial, Sánchez ha disfrutado de estas turbulencias, que le han colocado como un rival de Trump, impopular en España, en las relaciones internacionales. Ahora Trump podría verse en una situación que quizá él no hubiera elegido: si todo acaba como desea la afición española, él será, junto a Infantino, quien entregue la Copa del Mundo, la misma que el jefe de la FIFA le presentó en el Despacho Oval, al capitán español, Rodri . Será desde el terreno de juego y lo más probable es que Sánchez no participe en esa ceremonia.Los jugadores de la selección española celebran un gol. AFPEn esa circunstancia feliz para todos los españoles, habrá que ver si los jugadores quieren que Sánchez baje al vestuario. En la última gran victoria, la de la Eurocopa de 2024, no lo permitieron. Si fuera por afinidad con los Gobiernos de los dos países que han llegado a la final del Mundial, Donald Trump vería el partido histórico de este domingo subido a la valla del palco, con la cara pintada de celeste y blanco y cantando ‘por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo…’. El presidente de EE.UU., anfitrión del Mundial, presidirá la final en Nueva York/Nueva Jersey, quizá el mayor momento de atención global que habrá acaparado en su vida, y eso es mucho decir para el multimillonario neoyorquino: maneja el foco como nadie. Pero en su fiesta futbolera se ha colado España, en medio de un deterioro pronunciado de las relaciones diplomáticas con EE.UU. desde la llegada al poder de Trump a comienzos del año pasado. Para añadir tensión, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido a última hora acudir a la final. Él ha sido el objeto de los ataques y las condenas de Trump, y el protagonista de unas turbulencias sin precedentes entre dos países tradicionalmente aliados. Ahora, pocos días después de otra agitada cumbre de la OTAN , Sánchez y el presidente de EE.UU. volverán a verse en la final del Mundial.Al contrario, su relación es excelente con el presidente de Argentina, Javier Milei, un aliado acérrimo, a quien ha apoyado en las últimas elecciones legislativas a golpe de miles de millones de dólares en asistencia financiera. Pero Milei, muy futbolero y que fue portero en su juventud, en Chacarita Juniors y en San Lorenzo, no viajará a Nueva York. Como tantos argentinos, el presidente mantiene lo que ellos llaman «la cábala», la superstición de repetir cosas de anteriores partidos. En su caso, ver el partido desde Olivos, la residencia del Jefe de Estado. «Como el primer día, es una cábala», ha dicho.Sánchez acudirá a Nueva York sin su esposa, Begoña Gómez, inmersa en una causa judicial por la que será sometida a un juicio con jurado por tráfico de influencias y malversación de caudales públicos. La Audiencia Provincial de Madrid ha suspendido la retirada de pasaporte impuesta por el juez instructor Juan Carlos Peinado, pero esa decisión no se concretará a tiempo para que la cónyuge del presidente del Gobierno pueda viajar a la final. En cualquier caso, Sánchez no será quien esté más cerca de Trump, ni su presencia era requerida para representar a España. Quien encabeza la delegación española es el Jefe de Estado, el Rey Felipe VI , que acudirá a la final en compañía de la Reina Letizia, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía. Los Reyes ya estuvieron en la final victoriosa de Sudáfrica de 2010 y la Reina Letizia encabezó, con la compañía de la Infanta Sofía, la delegación al Mundial de Australia 2023, el del triunfo de España que después se tiñó de polémica por el beso del entonces presidente de la federación española, Luis Rubiales, a Jenni Hermoso.También tendrá mayor presencia que Sánchez el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán, que, dentro del protocolo de FIFA, ostenta la mayor representación. Y, por supuesto, Gianni Infantino , el presidente de la FIFA, que se sentará al lado de Trump, al que ha cortejado sin descanso, incluido uno de los episodios que deja manchado el Mundial: la suspensión del partido de sanción a un jugador de EE.UU. -Folarin Balogun- por las presiones del presidente estadounidense.Habrá partido, y duro, abajo en el terreno de juego. Pero también arriba, en los palcos. Se seguirá al detalle cualquier gesto o interacción entre Trump y Sánchez, que insiste en que la relación con EE.UU. es cordial y sólida, pero eso está muy lejos de la realidad.Desde que regresó a la Casa Blanca, Trump tenía apuntada la matrícula de Sánchez y de su Gobierno. Las llamadas protocolarias entre ejecutivos tras llegar al poder se retrasaron de forma preocupante. Tanto Trump como su secretario de Estado, Marco Rubio, dejaron a España entre los últimos contactos con sus aliados tradicionales. Después, la crisis se desató en la cumbre de la OTAN en La Haya del pasado verano. Sánchez se desmarcó de sus aliados europeos en el cumplimiento de las exigencias de Trump para aumentar el gasto militar. Desde entonces, el multimillonario neoyorquino no ha dejado de amenazar a España con castigos comerciales, que después no se han materializado porque las exportaciones españolas se encuadran dentro de la política comercial europea.La guerra de Irán provocó otra crisis. Sánchez negó el uso de las bases militares conjuntas de Morón y Rota para operaciones que tuvieran que ver con el conflicto y el enfado de Trump fue descomunal. La semana pasada, aseguró que España es «un caso perdido» y amenazó, una vez más, con cortar todos los negocios comerciales.Pese al perjuicio que puede suponer para España debilitar la relación con la primera potencia mundial, Sánchez ha disfrutado de estas turbulencias, que le han colocado como un rival de Trump, impopular en España, en las relaciones internacionales. Ahora Trump podría verse en una situación que quizá él no hubiera elegido: si todo acaba como desea la afición española, él será, junto a Infantino, quien entregue la Copa del Mundo, la misma que el jefe de la FIFA le presentó en el Despacho Oval, al capitán español, Rodri . Será desde el terreno de juego y lo más probable es que Sánchez no participe en esa ceremonia.Los jugadores de la selección española celebran un gol. AFPEn esa circunstancia feliz para todos los españoles, habrá que ver si los jugadores quieren que Sánchez baje al vestuario. En la última gran victoria, la de la Eurocopa de 2024, no lo permitieron.  

Si fuera por afinidad con los Gobiernos de los dos países que han llegado a la final del Mundial, Donald Trump vería el partido histórico de este domingo subido a la valla del palco, con la cara pintada de celeste y blanco y cantando ‘por … Malvinas, por el Diego, por la última de Leo…’. El presidente de EE.UU., anfitrión del Mundial, presidirá la final en Nueva York/Nueva Jersey, quizá el mayor momento de atención global que habrá acaparado en su vida, y eso es mucho decir para el multimillonario neoyorquino: maneja el foco como nadie.

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