Desde este miércoles, comprar en Shein o Temu sale más caro. La Unión Europea ha activado la tasa de 3 euros para todos los paquetes valorados en menos de150 euros que entran en el bloque comunitario, una medida con la que Bruselas busca frenar la avalancha de envíos de bajo coste procedentes de Asia y poner fin a una exención fiscal que durante años ha favorecido a estas plataformas frente a los productores europeos.
Bruselas pone fin a una exención fiscal que durante años ha beneficiado a las plataformas asiáticas, mientras el sector reclama una modernización urgente de los sistemas aduaneros para absorber los 12 millones de paquetes que entran cada día en espacio comunitario
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Desde este miércoles, comprar en Shein o Temu sale más caro. La Unión Europea ha activado la tasa de 3 euros para todos los paquetes valorados en menos de150 euros que entran en el bloque comunitario, una medida con la que Bruselas busca frenar la avalancha de envíos de bajo coste procedentes de Asia y poner fin a una exención fiscal que durante años ha favorecido a estas plataformas frente a los productores europeos.
Esa exención, vigente para importaciones inferiores a 150 euros, nació para evitar una carga administrativa excesiva sobre las aduanas, en una época muy anterior a la explosión del comercio electrónico. Pero el escenario ha cambiado por completo: la UE recibe hoy alrededor de 4.600 millones de paquetes low cost al año, unos 12 millones diarios, de los que Bruselas calcula que el 90% proceden de China. Lo que era una simplificación burocrática se ha convertido así en una ventaja competitiva que los productores comunitarios, sometidos a mayores costes y exigencias regulatorias, no tienen.
¿Y cómo funciona la tasa? Los 3 euros se aplican por cada categoría arancelaria distinta presente en el paquete, no por unidad de producto, y siempre que el importe final de la compra sea inferior a 150 euros. Un envío con cuatro camisetas pagará 3 euros, mientras que uno con cuatro camisetas y un reloj pagará el doble, 6 euros, al tratarse de dos categorías diferentes.
ste sistema ha encendido las alarmas en el sector logístico. Los operadores advierten de que el problema no es solo el volumen de envíos, sino la complejidad operativa que introduce el nuevo modelo. Un mismo paquete puede requerir varias clasificaciones y declaraciones aduaneras, multiplicando la carga administrativa. Teniendo en cuenta los 12 millones de envíos diarios que llegan a la UE, el sector alerta de un salto exponencial en los trámites que, a su juicio, las infraestructuras actuales no están preparadas para absorber sin un refuerzo significativo de personal, tecnología y automatización.
En este sentido, la patronal UNO reclama una modernización profunda de los sistemas aduaneros europeos, con procesos plenamente digitalizados, integración de datos en tiempo real entre plataformas de comercio electrónico y autoridades públicas, y una simplificación de la clasificación arancelaria que reduzca al mínimo la intervención manual. También pide una auténtica ventanilla única europea que evite interpretaciones divergentes entre Estados miembros.
«El sistema solo funcionará si se automatiza de forma integral. Sin esa transformación, el riesgo no es solo el coste, sino el bloqueo operativo», ha advertido el presidente de UNO, Francisco Aranda, que subraya la necesidad de acompañar la medida con un periodo transitorio suficiente y pruebas piloto que permitan una implantación progresiva.
A este desafío se suma el riesgo de fragmentación del mercado único. Si cada Estado miembro aplica la norma con criterios distintos, advierte el sector, podrían producirse desvíos de tráfico hacia las aduanas más permisivas, desigualdades competitivas entre hubs logísticos y una pérdida de eficiencia en toda la cadena de suministro.
El impacto más inmediato recaerá sobre el consumidor. Según estimaciones del sector, en productos de bajo valor cualquier coste fijo tiene un efecto desproporcionado sobre el precio final: una funda de móvil de 2 euros, por ejemplo, puede encarecerse hasta un 150% con la aplicación de la tasa. Además, en los pedidos con varias categorías de producto, el recargo será acumulativo, lo que previsiblemente reducirá las compras impulsivas, disminuirá los pedidos unitarios y fomentará la consolidación de envíos.
En este nuevo escenario, el sector anticipa una reconfiguración del comercio electrónico internacional, con un mayor protagonismo de los hubs logísticos europeos y un impulso al almacenamiento intracomunitario. La UE, en definitiva, busca ordenar el crecimiento del comercio de bajo coste, aunque el éxito de la medida dependerá de la capacidad del sistema para absorber un volumen sin precedentes de operaciones sin comprometer la fluidez de las aduanas ni la cohesión del mercado único.
Por ahora, conviene recordar que la tasa de 3 euros es una medida transitoria, en vigor hasta el 1 de julio de 2028, cuando la Unión Europea prevé sustituirla por un mecanismo definitivo de aranceles aduaneros en función del tipo de mercancía. Hasta entonces, el verdadero examen no será si el recargo logra frenar la avalancha de envíos low cost, sino si las aduanas europeas son capaces de modernizarse y coordinarse al ritmo que exige un comercio electrónico que no deja de crecer.
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